Llegué a ella de la mano de alguien que me ha dado el bello regalo de sus imágenes, sus sonidos, sus palabras, la musicalidad del hermoso francés... ...Volver a sentir ese algo que se mueve a la velocidad de las teclas, que intente sacudir por espasmos prolongados el pensamiento.
miércoles, 6 de agosto de 2008
"Persépolis": "Me gusta ser mujer y odio a las histéricas" (aunque a veces...)
Llegué a ella de la mano de alguien que me ha dado el bello regalo de sus imágenes, sus sonidos, sus palabras, la musicalidad del hermoso francés... domingo, 3 de agosto de 2008
"La gran Joda"
“Señora Aparacida Gomine, todo el mundo conoce su sufrimiento y su angustia. La prensa oral y escrita recuerda diariamente su drama: su marido, funcionario diplomático en el exterior, ha sido secuestrado y envuelto así en acontecimientos de índole política. Señora, no es usted la única que llora. Pero nadie habla de mi sufrimiento y de mi angustia. Yo lloro sola. No tengo sus posibilidades de hacerme oír, de decir a mi vez que “tengo el corazón destrozado y que quiero volver a ver a mi marido”. Su marido está vivo y bien tratado. Volverá a su lado. El mío murió en la tortura, asesinado por el Primer Ejército. Fue ejecutado sin proceso y sin sentencia. He reclamado su cadáver. Nadie me ha oído, ni siquiera Entre muchas otras cosas, en esta novela, Cortázar pone en conflicto la idea de la revolución. Esta palabra, que en Latinoamérica ha tenido tantos significados, tiene uno fundamental en la obra de este escritor: el individuo. Hay un hombre (Andrés Fava) que se pasea por parte de la obra cortazariana y que, en esta ocasión, camina por un jardín de senderos que lo obligan a bifurcarse, pero él se niega a hacerlo. Su “revuelta” no puede darse en un solo plano de la existencia; su “revuelta” es suya y de todos, pero sobre todo suya...
Hace once años llegó a mí un librito verde, que luego fue casi blanco-hueso (¿no habrá otra palabra para denominar este color?), y por culpa del cual (gracias al cual) no he podido parar de leer. Hoy el libro vuelve a ser blanco-hueso y vuelve a tener en su tapa un nombre accidentado entre Argentina y París... El libro verde llegó a mí como un regalo –como llegan los mejores libros (a veces regalos directos; otras indirectos, casi en contra de la voluntad)– y se convirtió en una compañía insistente que está sin estar, que está siempre, y también en una manía, en una idea testaruda que puede funcionar como un paraguas, como unas gafas nuevas para vivir el nuevo día que llega, tan pertinaz y la mayoría de las veces tan anónimo: no estamos obligados a aceptarlo tal y como llega, no tenemos que vivirlo como los “famas” o los “Vip” suponen; siempre habrá una posibilidad, por mínima que sea, de hacerlo nuestro, de hacerlo singular e infinitamente irrepetible... El amor, sobre todo, el amor, “y sin embargo”...
La revolución va por dentro, viene de adentro, cuando podemos decir no o sí, sin tener que renunciar a ningún sendero, cuando dejamos de pensar que nuestro dolor es mayor que el del otro, cuando no herimos personalmente a alguien, cuando podemos dejar atrás la mezquindad, los juicios, cuando ya no suponemos nada del otro, cuando nuestra ayuda no depende de cuán bien nos caiga el otro, o de cuánta competencia representa, cuando damos y cuando recibimos, cuando entregamos la posibilidad de la palabra como un don, cuando nos damos a nosotros mismos ese don, cuando un gesto, un tono, acaricia, comprende, ama...
miércoles, 16 de julio de 2008
Rebobinando, 1, 2, 3...
"La disposición espiritual que requiereun novelista de su lector no es
solamente racional sino especialmente
emotiva. Y por el camino de la emoción
llegamos al reino de lo memorable,
que es el reino de la literatura".
"Le preguntan a Luder por qué rompió
con una amiga a la que adoraba.
-Porque no tenía ningún contacto con su
pasado. Vivía constantemente proyectada
en el tiempo por venir. Las personas
incapaces de recordar son incapaces de amar".
A veces –muchas– llego tarde a libros, a discos y a películas... Esta es una de ellas. La primera vez pude llegar hasta la 88, y luego tal vez salté a la 101, para concluir que no, todavía no, y que tal vez no habría próxima vez... Tal vez alguien preguntó, tal vez nadie lo hizo... Cuatro años después volvió a mí, en una versión “remix”, por cinco mil pesos, en un “agáchese” del centro de la ciudad... Y tampoco; tal vez hasta la 50...
lunes, 7 de julio de 2008
La “República de las Letras”:

En 1955 el Premio Nobel de Literatura fue concedido a Halldór Laxness (Islandia). Yo ni siquiera sabía que existía un escritor con este nombre... Ese mismo año, Jean-Paul Sartre y Thornton Wilder postularon al escritor antioqueño Fernando González para el premio entregado por
miércoles, 18 de junio de 2008
El factor Solano: “La pesca está salá”

domingo, 8 de junio de 2008
Pat-agonía: Los suicidas del fin del mundo
A veces me pregunto qué habría sucedido si mi familia hubiera decidido que nos quedaríamos a vivir en Fusagasugá, en Silvania, en Quimbaya, en Chinchiná, en Buenaventura o en Arauca... Pero mi papá siguió su trasegar, pero luego llegamos a Cali y después yo llegué a Bogotá... Pasé más de un año en Armenia (una ciudad intermedia) y el tedio fue un síntoma constante, pero había Internet, algunos libros y revistas, un cuarto propio, una casa cálida y algunos viajes (pocos y a veces tristes, pero posibilidades al fin) a la “gran ciudad”... En Las Heras no hay ni siquiera esto; no hay nada. La palabra futuro es un lugar sin conjugaciones verbales posibles. Al sur, siempre más allá de Caminito, del obelisco, Cuando era niña, la gente a mi alrededor nombraba
“Miráme esta belleza”:
A él lo encontré en mi adolescencia, detrás de un cuerpo, una nariz y una voz descomunal, que despertaron -y despiertan- mis más prístinas sensaciones... Gérard Depardieu ama especialmente estas palabras, según cuenta alguien muy cercano a sus vivencias:“Todos los hombres son mentirosos, inconstantes, falsos, bastardos, hipócritas, orgullosos y cobardes, despreciables y sensuales: todas las mujeres son pérfidas, artificiosas, vanidosas, curiosas y depravadas: el mundo entero no es más que una cloaca sin fondo donde rampan las focas más informes y se revuelcan en montañas de fango; pero hay en el mundo una cosa santa y sublime, es la unión de dos de estos seres tan imperfectos y tan repugnantes. No pocas veces a uno lo engañan, lo hieren y lo hacen desdichado en el amor, pero se ama, y cuando se llega al borde de la tumba, uno se vuelve a mirar atrás y se dice: He sufrido no pocas veces, me he engañado algunas otras, pero he amado. Yo soy quien ha vencido y no un ser inventado por mi orgullo y mi aburrimiento”.
(Musset, On badine pas avec l’amour).
lunes, 2 de junio de 2008
Semblanza de una vida entregada a sí misma: Marguerite Duras
De padres franceses, Marguerite Duras (1914-1996) nace en Saigón (hoy Ho Chi Minh), Cochinchina (Indochina francesa: Vietnam del Sur-Camboya), y se traslada a París a los dieciséis años. Duras se siente separada de esa sociedad blanca a la que se refiere como “ratería colonialista”: “Éramos más vietnamitas que franceses”. De su llegada a París recuerda: “Cuando llegué a Francia había que abrazarse, preguntarse cómo andaban, todo ese circo; a mí no me salía”. Duras se siente extraña en un lugar donde habita el tipo de personas que llevó a su familia a la quiebra, que engañó a su madre con la compra de unos terrenos que el mar se iba tragando poco a poco. De la vida familiar, Duras dice: “En una familia, cuando las relaciones son buenas, amigables, encantadoras, es porque la naturaleza fue soslayada. La vocación natural es una vocación animal, espantosa. Vivir juntos no es un destino común”; Duras expresa su negativa a ser dependiente-obediente a los condicionamientos sociales, a las instituciones sociales –en este caso, la familia–. En un primer momento, Marguerite siente “pena por haber sido tan reglamentaria, por no haber estado nunca contenta. Pena de una concesión al conformismo, pena de dejar delimitar en sí la parte donde se afila la personalidad que, poco a poco, es consolidada por la práctica de la escritura hasta hacerle recuperar su impetuosidad natural” (Duras); la manera en la puede resolver este bloqueo es lo que le permite dar una forma: escribir. Duras rechaza la nominación tradicional, “ella no quiere más que aullar su espanto” (Duras), hablar desde el dolor, desde el malestar del hombre contemporáneo (las guerras, el capitalismo salvaje, el espacio psíquico horadado), resucitar las angustias que quiere borrar el “hermoso” presente de entretenimiento televisado, pero también decir la perseverancia de sobrevivir (aunque mostrando la grieta).
En El camión, Duras escribe: “Todo lo que hay que hacer es intentar cosas, aunque estén hechas para fracasar. Aunque fracasadas, son las únicas que hacen avanzar el espíritu revolucionario”. Duras realiza estudios de Derecho y Ciencias Políticas, desarrolla actividades en
Duras quiere un izquierdismo desprovisto de discurso teórico, un espíritu revolucionario sin las trabas de los dogmas (“También existe un racismo para con los ricos”, afirma Duras), un feminismo que no se centre en las diferencias entre el hombre y la mujer: “Creo que esa energía que tienen era común a los hombres y a las mujeres antes y que fue a partir de la corrupción progresiva del hombre como ellas la perdieron. No es energía masculina ni femenina” (Duras). Duras elige la escritura: “Escribir es la mejor opción política” (Duras); la escritura es el espacio privilegiado del deseo, de la intimidad, del antimaniqueísmo. El cuerpo como espacio del deseo se convierte en la forma de Duras, aquella que permite “abrir
La literatura de Duras es una literatura no conforme, no convencional, no buscadora del lenguaje “correcto”; la literatura de Duras no es literatura de entretenimiento, sino de silencios, de huecos, de oscuridades, de lo que hay en el espacio psíquico del sujeto que habla desde su propio duelo, desde su propia pérdida, y que la asume en su discurso, la desnuda, la des-anuda y prepara la reestructuración de la intimidad. Duras vincula en su escritura un sujeto no unitario, un sujeto “a la deriva”, “ser cuyo revés herido ella devela”. Este sujeto es expuesto en una total desnudez que no concilia con la desnudez show, la desnudez que muestra para entretener, sino con aquella que también tiene la facultad de distanciarse de sí misma y ver sus dinámicas lejos de todo idealismo o banalización.
domingo, 1 de junio de 2008
Velada cotidianamente metafísica

La primera obra que vi del Teatro Matacandelas fue “Angelitos empantanados” (Historias para jovencitos). Todavía recuerdo esa tarde caleña, hace ya doce años: tengo una blusa blanca, una minifalda a cuadros, escocesa, tal como se usaba en esos años, y las uñas pintadas de negro... Estoy sola y veo a un compañero de clase que se acerca a saludarme con desdén, que me sonríe con ironía, que me demuestra la poca confianza que tiene en mí (y la liberación que eso significa); luego se va al primer piso del teatro Jorge Isaacs, ese edificio blanco que inició mi fascinación por el teatro, mientras yo voy al “gallinero” (o tal vez fue al contrario...); inclino mi cabeza para ver mejor y nada más existe en ese momento: las voces, la música, los colores, las sensaciones y otra fascinación nueva: Andrés Caicedo... Luego vendría Fernando Pessoa y “O marinheiro”, el afiche que aún guardo, después de una función que destrozó nuestros nervios, nuestros ojos y nuestros oídos, que estalló en llanto (interno y externo), que hizo desaparecer la noción de escenario e instaló en su lugar ningún lugar, “otraparte”. Aún hoy es imposible olvidar las voces y las luces, la atmósfera de extrañamiento que me invadió, los sonidos y las sombras que aún resuenan, retumban en mi memoria... Más tarde vino Silvia Plath, su “querer ser horizontal”, su cabeza metida dentro del horno, sus ganas de desaparecer de este mundo...; una chica “agradable”, una rubia simpática que dejó todos los platos rotos, sin lavar...
Doce años después de ansiar por primera vez ese escenario, esas luces, esa música, esa atmósfera, esa experiencia absoluta, llega Fernando González. De Fernando escuché hablar en
Antioquia y el amor doloroso de los antioqueños, el amor que permite ser lúcido frente a las dinámicas de lo propio. “Velada metafísica” es un puño en la cara de los que hacen fáciles encomios del terruño, de los que reducen el “empuje” al aprovechamiento económico, y de los que angostan la búsqueda de sí mismos en sermones alejados de la vida, de lo cotidiano, en sermones que resultan ser sólo mandatos, órdenes sin sentido, temerosas de mirar de otra forma eso que vemos todos los días. Ahora es más cercano Fernando Vallejo, ahora sus improperios, sus diatribas, sus vejámenes, sus odios, tienen una historia más, un hilo más... Fernando González y Fernando Vallejo: hombres que viven plenamente en una contradicción, en una paradoja, tan humana, tan vital como la metafísica o la misma literatura.
DOG EAT DOG FILMS again

En Sicko, Moore nos vuelve a cuestionar sobre otras enfermedades contemporáneas. Esta vez, el cuerpo humano se exhibe en toda su fragilidad y quienes se autodenominaron como sus ángeles guardianes, se han convertido en empresarios... ¿Cuándo sucedió esto? Se pregunta Moore, y su respuesta sobreviene mientras cruza el mar que lo llevará a Cuba: porque estamos en una sociedad que evade el “nosotros” y se concentra en la defensa del “yo”...
Un hombre debe escoger entre cuál de sus dedos salvar, porque no puede pagar la cirugía de los dos; una mujer llora porque su empresa de salud le negó a su esposo una operación que pudo haber salvado su vida; otra llora porque en Estados Unidos los medicamentos que la mantienen con vida son casi inaccesibles, y descubre que en
Cosas que no sabía, cosas que no nos cuentan: los fraudulentos negocios de Nixon con una empresa privada de salud para implantar en Estados Unidos este sistema; las jugosas tajadas que recibieron Bush y sus congresistas, gracias a la aprobación de una ley que daba infinitas ventajas a las empresas productoras de medicamentos; la “satanización” de la campaña que comenzó a hacer la esposa de Clinton para implementar un sistema de salud “universal” (para Estados Unidos)... La misma “satanización” a la que han sido sometidos muchos proyectos solidarios (que terminan siendo barquitos solitarios), por causa de los reduccionistas, de los extremistas, de los empresarios de la dignidad humana...
Esta película sería perfecta para presentar en todos los televisores de las EPS e IPS colombianas: mientras una mujer o un hombre firman una orden de rechazo para salvar la vida, la dignidad de alguien, mientras le “ahorran” dinero a su empresa, mientras ellos ascienden en el trepadero económico, los pacientes pacientes, los que esperan horas y horas a que alguien los escuche y los atienda honestamente, más allá de las pastillas para el dolor de cabeza o del estómago, llenan los formatos de sugerencias y reclamos, usan aquellos mecanismos que no sabemos usar por temor y por desesperanza; otros empezarán a soñar con irse a Gran Bretaña, Francia o Cuba, mientras la enfermedad sigue en nuestros cuerpos, expresándose en cada ilusión diaria...