

Llegamos a la terminal del norte; lo primero que vemos son las luces aún encendidas –o ya encendidas– en las laderas de las montañas: las comunas –nos decimos–, pero todo Medellín está conformado por ellas, como Bogotá por localidades, pero eso lo sabremos después...
En el 97, Medellín fue sólo un barrio: Buenos Aires, una casa pequeña y confortable en lo alto –en uno de los altos– de la ciudad, una palabra escuchada por primera vez: mezanine, un frutero con frutas secas, vacías por dentro, el metro y ver a mi mamá colgada de un bolso todo el tiempo. En el 2004, Medellín fueron las luces a lo largo de la Regional –ese nombre lo sé ahora–, los peces de colores luminosos sobre las aguas de un “río”, el cerro Nutibara –ese nombre también lo sé ahora– iluminada con luces casi de neón, largas, interminables filas de autos, mi papá, mi mamá y yo juntos, mi hermano lejos, “defendiendo” al país, metido dentro de una garita y con una muela a punto de estallar; Medellín y el bello espectáculo de sus luces, Medellín y el metro con música clásica al fondo –ahora sé que la ponen los fines de semana; también new age y mensajes de autosuperación–, Medellín y el recién inaugurado Metro Cable y un recuerdo: una pareja de esposos, vestidos mejor que nosotros, que hacían lo mismo que nosotros: pasear por encima de la “realidad”...
Llegamos a la estación Caribe y el río Medellín no es el Medellín, sino el Turbio, Sabaneta es la de la película, Envigado y el Poblado son los de Pablo –y este nombre lo escribo por primera vez en mi vida...–; “escoba nueva barre bien”, lo desconocido mejor que lo conocido... El metro a reventar y la contundencia de esas lógicas que nos devuelven a la tierra...
Gracias a la señora que nos indicó cómo llegar a Itagüí, gracias al señor que nos enseñó a comprar los “integrados”, gracias al taxista caleño por su parquedad, gracias a Marlon, a su cotidiana presencia con moto incluida, gracias al Sol Naciente por su mazamorra, sus arepas de maíz, maíz y sus chicharrones generosos, gracias a David por ofrecernos su casa, por ofrecernos el espacio para estar juntos... Sobreponemos esta Medellín a una que no conocimos, a una que mantiene sus lógicas e ilógicas diversas a quien quiera permanecer un poco más en ella; ofrecemos esta Medellín a nuestra singular manera de estar juntos...
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Fotos por Paula.