lunes, 5 de mayo de 2008

Una mujer...


"Que nunca estamos indefensos. Que la inocencia no existe"
(Leila Guerriero).

Una tarde que recuerdo muy bien, llegó a mi casa una revista que incluía un artículo escrito por esta mujer. Ese día la ciudad cambió, mi familia cambió y mi corazón se sintió mejor... Pasé cuatro años imaginando el rostro de esta hermosa mujer y mis piernas no quisieron responderme cuando intenté acercarme para verlo mejor, para agradecerle por esas palabras que me acompañan desde hace cuatro años y que repito como un mantra cuando el peso de la realidad parece volverse frágil... Me gusta pensar en ella y en su presencia en un bus destartalado trasegando por la Patagonia, su impertérrita figura que se instala en ese espacio sin apenas tocar nada, un samurái –si es que así son, en realidad– de los caligramas que componen el sentido del mundo; me gusta pensar en esta admiración adolescente que tiene el maravilloso poder de hacerme sentir más viva; me gusta pensar en el no y en sus infinitas posibilidades, me gusta pensar en una tumba con tres epígrafes (...¿?...), me gusta pensar en cáscaras de naranja y en despeñaderos inenarrables... Me gusta pensar en la vida que no se detiene, en la posibilidad de no llevar lastres, en que no somos tan indefensos... Me gusta pensar en Leila Guerriero y en su don de echar todas las puertas abajo con el sutil, pero certero encanto de una palabra precisa, que tiene la fuerza de un carnicero y el tacto de un chef...

_____________________________

Foto de Gonzzo.

Cartografías literarias: Medellín



Llegamos a la terminal del norte; lo primero que vemos son las luces aún encendidas –o ya encendidas– en las laderas de las montañas: las comunas –nos decimos–, pero todo Medellín está conformado por ellas, como Bogotá por localidades, pero eso lo sabremos después...

En el 97, Medellín fue sólo un barrio: Buenos Aires, una casa pequeña y confortable en lo alto –en uno de los altos– de la ciudad, una palabra escuchada por primera vez: mezanine, un frutero con frutas secas, vacías por dentro, el metro y ver a mi mamá colgada de un bolso todo el tiempo. En el 2004, Medellín fueron las luces a lo largo de la Regional –ese nombre lo sé ahora–, los peces de colores luminosos sobre las aguas de un “río”, el cerro Nutibara –ese nombre también lo sé ahora– iluminada con luces casi de neón, largas, interminables filas de autos, mi papá, mi mamá y yo juntos, mi hermano lejos, “defendiendo” al país, metido dentro de una garita y con una muela a punto de estallar; Medellín y el bello espectáculo de sus luces, Medellín y el metro con música clásica al fondo –ahora sé que la ponen los fines de semana; también new age y mensajes de autosuperación–, Medellín y el recién inaugurado Metro Cable y un recuerdo: una pareja de esposos, vestidos mejor que nosotros, que hacían lo mismo que nosotros: pasear por encima de la “realidad”...

Llegamos a la estación Caribe y el río Medellín no es el Medellín, sino el Turbio, Sabaneta es la de la película, Envigado y el Poblado son los de Pablo –y este nombre lo escribo por primera vez en mi vida...–; “escoba nueva barre bien”, lo desconocido mejor que lo conocido... El metro a reventar y la contundencia de esas lógicas que nos devuelven a la tierra...

Gracias a la señora que nos indicó cómo llegar a Itagüí, gracias al señor que nos enseñó a comprar los “integrados”, gracias al taxista caleño por su parquedad, gracias a Marlon, a su cotidiana presencia con moto incluida, gracias al Sol Naciente por su mazamorra, sus arepas de maíz, maíz y sus chicharrones generosos, gracias a David por ofrecernos su casa, por ofrecernos el espacio para estar juntos... Sobreponemos esta Medellín a una que no conocimos, a una que mantiene sus lógicas e ilógicas diversas a quien quiera permanecer un poco más en ella; ofrecemos esta Medellín a nuestra singular manera de estar juntos...

__________________________

Fotos por Paula.

CINEMA CAN

“La ventaja de no tener opiniones es que uno jamás se repite” (J. R. Ribeyro).

De Amores perros a Perro come perro el espacio se angosta, el ambiente huele a cuarto cerrado por varios años. Cali y el color sepia de la nostalgia, Cali, Siloé, Aguablanca y Terrón Colorado, Cali y los carros garrafalmente lujosos que buscaban ayuda para coronar los viajes, Cali tarantinesca, Cali infértil, los cañadulzales ardiendo, Pepe Son en los buses y las fuentes de soda en San Nicolás...

Aquí no hay niños ni mujeres ni hay personajes que se desvíen del código; los dólares y los hombres van al mismo lugar: a desagües en donde todo se vuelve mierda... Aquí el dinero “fácil” pudre las manos, el mal lento se supera exhumando un cadáver; la magia negra se deja a un lado cuando se atraviesan los límites de lo sagrado... El futuro que se posterga indefinidamente, los hombres corriendo por un callejón sin salida como un eco del título del cuento que da origen a esta película: “Los malditos”...

Así como en El Rey, Perro come perro tiene el ritmo de la salsa “brava”, el “azare” del calor y su sopor con acento valluno, muertos por doquier, buenas actuaciones y mejor fotografía. Ahora que venga la “realidad” de puertas para dentro, como bien lo ha dicho Julio Paredes...


sábado, 5 de abril de 2008

ZOEZOEEZ

Canciones que escucho, de las que no sé el género ni el intérprete ni el país de donde provienen ni si lo que suena al fondo es un bajo de seis o cuatro cuerdas...
Canciones que a veces escucho sólo una vez y luego se quedan resonando en la cabeza por muchos días, por mucho tiempo, en mi pista de baile imaginaria...

Pulsiono el botón inexistente y mi recuerdo de los sonidos aparece.
La música no apaga mis pensamientos, la música me deja mirar, ver mejor los rostros tristes, cansados que me rodean. Un largo bostezo y el sol al otro lado de los cerros...

Voy viajando en la luz, entre asteroides, por la vía láctea, entre fotosíntesis lunares, entre cuerpos blancos, entre corazones atómicos, entre electricidad jaguaresca, entre cuartos sin gravedad, entre alas de cartón, espacios humanos, espacios polares, “llegar al sol, aunque me muera de calor”, conexiones entre universos que pocas veces se tocan, miel de un mundo que ya no conozco, prisma de mis ojos, huracanes en la punta del cielo, barcos de fuego, rutas del delfín, orillas del viento, planetas alados, rayos vagabundos...

Desde hace tiempo sólo Zoé, sólo la densidad de sus sonidos; a veces resonancias de danzas rotas, de presencias inexistentes, de remolinos perfectos, a veces sólo bautizo luminoso. Otros días piel que llora, navajas afiladas que ya no hacen daño, conjuro para que ya no hagan daño. Paz –aunque suene muy ingenuo–, efectos de la banda sonora de mis días, la curvatura de un sueño... “Acaricia mi alma, suaviza mi ser, esteriliza mi sangre y purifica mi amor”...

“No rasques mis alas”


Cuando el ego apremia
Cuando el yo alza demasiado la voz
Cuando los ojos se vuelven instrumentos de la histeria y la paranoia
Cuando la muerte no recuerda la vida
Cuando la locura es la única opción
Cuando aguardar un gesto se convierte en un peso que asfixia el día que llega
Cuando la ética pasa por el miedo a quedar mal
Cuando el llanto solamente inmoviliza
Cuando escuchar al otro es un barco que naufraga:

“El comportamiento inmoral genera comportamiento inmoral...
Una parte del alma se destruye cuando matas a alguien...
Convivimos con ignorantes...
Los que peor viven y peor educación reciben son los primeros en defender el sistema para que nosotros seamos “libres”.
¿Volverán a confiar en nosotros?
La guerra está destinada a ser continua...
Una sociedad sólo es jerárquica si hay pobreza e ignorancia.
Una guerra siempre se planea para mantener al pueblo al borde del hambre

La libra la clase dirigente contra su propio pueblo
Su finalidad es mantener intacta la estructura de la sociedad.
Sólo te pueden engañar una vez
¿Sólo te pueden engañar una vez?”.

Fahrenheit 9/11

“Cocktail party”


“Ah, pero morimos cada día, unos para los otros.
Lo que sabemos de los demás
no es más que la memoria de aquellos momentos
en que los conocimos. Más ellos han cambiado desde entonces.

Pretender que somos los mismos todavía
es una convención social útil y conveniente
que alguna vez debe ser rota. No olvidemos jamás
que, en cada encuentro, es con un extraño con quien tropezaremos”.

Eliot.

Por la bruma de los días
Por las n
oches interminables
Por las palabras que no encontraron el camino
Por los días a los que no se vuelve

Por la buena rana que sabía a pollo
Por una inocencia nueva.

domingo, 16 de marzo de 2008

Humanismos de bolsillo

Siendo “humanista” he aprendido muchas cosas:
Que lo más fácil es el chisme

que la maledicencia puede hacer mucho daño, pero es la única manera de hacernos un lugar o el lugar que queremos

que la maledicencia manifiesta la pobreza de una vida, pero los que escuchan atentos y se ríen, o no dicen nada, hacen creer que es una buena forma de pasar el tiempo, de hacer guetos defensivos

y que el malediciente tiene razón y que es bueno destruir al otro, juzgarlo, deformar su intimidad y seguir como si nada

que el lenguaje puede hacer mucho daño
que el lenguaje acomoda las situaciones para hacer quedar bien a unos pocos
que el lenguaje deja marcas y la experiencia de ya no poder confiar en la gente como cuando éramos “ingenuos”

que saber argumentar sirve mucho para que la palabra del otro pierda sentido
que lo más efectivo son los eufemismos

que puedo decir lo mismo de manera diferente por muchos años y nadie se dará cuenta o todos se darán cuenta, pero
me seguirán dando premios y un lugar en la mesa de cada congreso que organicen
que debo sonar inteligente cuando haga una pregunta
que no debo demostrar que no entiendo aún
que es mejor decir cualquier cosa –mientras suene inteligente o demuestre mi cantidad de lecturas– que el silencio, la lentitud de quien quiere pensárselo otro rato, de quien necesita ese otro rato

que es mejor leer un libro que jugar con mi sobrino

que es mejor analizar una novela que caminar de la mano contigo
que es mejor aparentar o ser inteligente y maduro que preguntar “¿cómo estás?”

que es mejor esperar el turno para decir una frase “interesante” que escucharte, que sentir curiosidad
que
la Literatura es algo serio, “trip, trip, trip”... tan serio como para no poder tomarnos una cerveza y hablar de ella
que debo figurar en cuanto evento se realice y en cuanta revista aparezca para obtener puntos

que debo procurar llegar a un puesto cada vez más burocrático

que debo leer al autor de moda
que debo comprar mi ropa cada vez en mejores almacenes...

Si esto es el humanismo, no quiero ser más humanista
pero esto no es el humanismo
sólo es la apropiación que han hecho los que tal vez han leído mucho y tal vez sean
inteligentes
pero a quienes como seres humanos, los quiero cada vez más lejos de mí.

No quiero seguir aprendiendo más sobre estos humanismos
quiero respirar tranquilamente, quiero caminar tranquilamente, quiero escucharte atentamente, reconocer mis límites y saber que no importan...
_______________________________________________________
Photo by Gonzzo (aquí empezó todo: Librería Atenas, Cali).

domingo, 10 de febrero de 2008

“APOCALÍPSUR”, por fin:

Topos sin novelar
Vida que no naces

Muerte que arribas seis veces al día

¿A qué jugar a decir la última palabra?
¿A qué correr tras el ego de la distancia?

Una mujer calza sus zapatos para alcanzar un lugar arriba de los tobillos de un hombre

Otra, detrás de una ventana,
se ofreció en el silencio del no
Ya no aprendemos a fuerza de los días
Los cálculos fallan
Fue el gesto del primer adiós

Elación de un hombre que no arrastra sus zapatos
Fascinación de las manos que se mueven por primera vez
Fascinación de tus sonidos, de su creación en el presente
Contingencia de ti

Fuerza de tus días.


miércoles, 30 de enero de 2008

Enero sin nubes

Quiero encontrar un libro titulado Sonata para un hombre bueno; en él se contaría la historia de un hombre cuya vida cambió después de escuchar música, de leer literatura y de observar la manera en la que otros se amaban... Tal vez los cambios suceden cuando eso que creemos ser es tan sólo la adecuación a una circunstancia, cuando la falta de tolerancia (diferente a la indiferencia) de una sociedad nos obliga a ser dogmáticos con nosotros mismos, represivos con nosotros mismos, laxos con nosotros mismos...
De “Adiós a Lenin”, pasando por los “Los educadores”, llegamos a “La vida de los otros”, una película que apareció a principios del año que acaba de terminar y que inauguró mi cinefilia de este año.
Estas tres películas también inauguran mi admiración por la cinematografía alemana, por la capacidad que han tenido sus directores para elaborar su Historia, sus fantasmas e incertidumbres. “La vida de los otros” no deja de tener un sesgo: “la vida en Alemania occidental era mejor que en Alemania oriental”, sin embargo, hay algo que está más allá de esto: los alcances del totalitarismo, del dogmatismo, en el que el cuestionamiento no tiene cabida, en el que quien no se acomoda a pensar de una misma forma siempre es expulsado de la sociedad o atemorizado, aprovechando sus más humanas debilidades; y ahí está el cine, el arte, las imágenes que nos producen angustia, pre-ocupación, pero también las que nos producen sorpresa, confianza...
Desde “El laberinto del fauno” una película no me conmovía tanto, desde “El laberinto del fauno”, una película no me regalaba la esperanza en lo humano de una manera tan hermosa, con tanta justeza. Ver “La vida de los otros” es alejarse del efectismo de muchas producciones cinematográficas actuales, y acercarse a la cuidadosa estructura de un reloj sensible, de una máquina subjetiva que fija cada detalle en el espectador, porque cada detalle tiene sentido, crea el sentido y lo va dirigiendo poco a poco hacia un lugar preciso.
Aquí no hay que esperar la euforia de la caída del muro, tampoco la reconciliación dramática en la mitad de una calle, mucho menos la imperturbable lealtad de la persona que amamos; aquí los ángeles son débiles y sufren por ello, los “peces gordos” llevan a la ruina, con su sebosa ceguera, el proyecto de una sociedad más justa. Y es precisamente aquí que un hombre decide cuestionar algo que se ha vuelto mecánico en su vida, decide acercarse a los otros, decide comprenderlos, decide darles la oportunidad de seguir siendo ellos mismos... ¿Y él? Él recorre las calles de Berlín, arrastra un carrito lleno de cartas, sigue cuidando la vida de los otros... Sigue permitiendo que se escriban las páginas de Sonata para un hombre bueno...

Quiero encontrar algunos seres humanos a quienes regalarles ese libro...

martes, 25 de diciembre de 2007

Escenas de sofá

Es un domingo de marzo de 1998 y estoy leyendo el Magazín Dominical. Tal vez ese día empezó todo, con los tres poemas de Pilar Vargas Álvarez que leí en esa edición y de quien no he vuelto a encontrar nada; se me acaba de ocurrir que podría buscar en Google... Versos que aprendí de memoria, versos que repito mental y oralmente cuando sobreviene una misma sensación: “Ese bello rostro de caoba ya estuvo sobre el mío, / conozco su mueca de placer / adornada de fiereza y con turbante. / Quizá cuando el beduino me posea / pierda yo la vida como antes.”. Quizá por eso la atracción por el sol, quizá por eso ayer en la somnolencia de la tarde apoyé mi cabeza sobre la almohada y mientras dormitaba sentía el sol en mi rostro, quizá por eso las dunas, la ropa blanca... Quizá por eso ahora hable de un libro de Bowles que ha sido un grato descubrimiento, quizá por eso recuerde ahora una película encontrada al azar en la televisión una tarde que ya no recuerdo, en compañía que ya no recuerdo, quizá por eso el asombro al encontrar esas imágenes en Bowles... En la película había un paisaje de arena, de polvo, una mujer vestida de hombre del desierto en un cuarto donde la luz entraba por una persiana rudimentaria, las líneas de luz en el rostro de la mujer y un hombre de caoba desprendiendo una a una las prendas en las que estaba envuelto el cuerpo de la mujer... Recuerdo las rocas, la arena, alguien vestido de negro; no veo más a la mujer, ni al hombre... El cielo protector es una amenaza constante, una cortina deslumbrante tras de la cual acecha el abismo... Una historia de amor sin palabras de amor, sin besos ni caricias, una historia de amor entre dos bartlebys que huyen de la civilización occidental, de su guerra y su trivialidad absurda... ¿Cómo hablar de la trivialidad sin trivialidad?, ¿cómo no caer en el prosaísmo absoluto?, ¿cómo escribir sin sólo llenar páginas? Conozco a algunos que saben hacerlo y conozco a otros muchos que no. Conozco a algunos que elaboran lo absurdo de la cotidianidad, y conozco a otros que se quedan en lo prosaico de esa cotidianidad. Voy a quedarme un poco más en Bowles, voy a llenarme de polvo, voy a aferrarme a cada palabra de esa realidad, a su sentido pleno, voy a detenerme en cada hotel, voy a seguir unos pasos que no se resignan, unas piernas que se doblan de puro cansancio, pero no por docilidad, voy a seguir una rabia que no es efímera, una rabia arraigada fuera del perímetro de toda impotencia...