domingo, 5 de abril de 2009

Escuela de mujeres:

Gracias a un artículo de Juan Gabriel Vásquez sobre Molière, recordé que alguien me había regalado Escuela de mujeres. Hacía mucho tiempo no leía una obra de teatro y este ha sido un buen momento para hacerlo. Recuerdo también que antes de entrar en la universidad, Molière no me gustaba, me parecía que sus obras no tenían mayor maestría, porque absurdamente pensaba que la tragedia era superior a la comedia. Estaba muy equivocada, claro. Desde que vivo en Bogotá he visto dos obras de teatro de él y un borroso recuerdo me dice que yo ya conocía Escuela de mujeres por un montaje que vi en un teatro que queda en Chapinero. Estoy segura de que esta lectura la recordaré más que el montaje.

Quien me regaló el libro me dice que si alguien quiere conocer a las mujeres, debe leer Escuela de mujeres. Yo aún no entiendo bien por qué; será porque el protagonista subestima la inteligencia de la mujer que quiere como esposa, subestima sus deseos y su forma de relacionarse con el mundo; será porque el protagonista desconoce que una mujer es sensible a reconocer la infelicidad y hará pataleta (así sea en silencio) hasta cambiar la situación. Sé que esto también le pasa a los hombres respecto a las mujeres que les hacen compañía, pero me imagino la situación en el siglo XVII para el mundo femenino.

Arnolfo quiere una mujer que pueda educar a su medida, pero para él la educación de Inés se limita a saber coser y ser devota. Inés se avergüenza de la ignorancia en la que vive y quiere salir de ella; el amor le ayuda a descubrirlo. Arnolfo piensa que comprando un título de nobleza y ofreciéndole a Inés las ventajas de su posición económica y social la disuadirá de dejar a su “amado”, pero Inés prefiere pasar su vida al lado de un hombre que con dos palabras y un gesto la convence de su amor. El tormento de Arnolfo es ser “cornudo”, haber perdido su honor; hay un personaje que le dice: “Los cuernos no son más que lo que uno hace de ellos”. ¿Qué sucede con la infidelidad? En el siglo XVII no se hablaba de separación, menos por el motivo de los “cuernos”; la infidelidad se aceptaba como parte del matrimonio, como parte del contrato, mientras nadie fuera del hogar se diera cuenta. Hoy, ¿cómo podemos interpretar las palabras del amigo de Arnolfo? En la obra, la infidelidad no resulta tal, pues Arnolfo es evaluado como un personaje inferior y equivocado, abusador de la autoridad que tiene sobre Inés. Pero, ¿qué sucede cuando no hay una excusa para ser infiel? No lo sé, es un tema espinoso, triste, doloroso. La infidelidad es no poder decidirse, dejar esa responsabilidad a otro u otra; los celos son también una manera de evitar una responsabilidad, de implícitamente alejar a quien está a nuestro lado para no irnos nosotros… Sigue siendo triste y doloroso, siguen siendo sólo especulaciones…

Cuando no entendía esto, tal vez era “un dragón de virtud”, “una bruja honesta” (tal vez lo sigo siendo…), cuando no entendía esto sólo veía las innumerables excusas que buscamos e inventamos para explicar nuestra conducta, para sustentar algo que ya hemos decidido hace mucho tiempo, para hacer algo que no entendemos del todo. No escapar, no excusarse, no esconderse, no juzgar… Yo también he escapado, me he excusado, me he escondido, he juzgado… Cada vez es más difícil hacerlo, porque no quiero –hoy no quiero, hoy no me hace falta, hoy no me apetece, hoy “tú-mí-me-contigo”–, porque veo un poco más que ayer –pero sigo siendo miope–...

(La imagen es de una película que habrá que ver).

2 comentarios:

Gabriel Umaña Suárez dijo...

Desde "Convulsiones" de Luis Vargas Tejada, no leo dramaturgia, por lo que la lectura de este post me trajo muy gratos recuerdos. Coincido contigo en aquello que nos obliga a pensar que la tragedia tiene un nivel superior a la comedia, pero como los humoristas televisivos repiten con aires de intelectuales: "la comedia es cosa seria". Lo más chistoso de todo es que tienen razón.
No soy experto en el tema, pero considero a las mujeres seres más interesantes, desde el punto de vista artístico, pues el hombre es más primitivo, básico y predecible. La lectura de esta Escuela de Mujeres y las peripecias de Arnolfo, invitan a la lectura.
Un abrazo.

Anónimo dijo...

Paula, creo que la obra que viste en chapinero, era "el avaro", si no estoy mal, la vimos juntas...
En cuanto al tema de la infidelidad... es muy complicado, si te toca a ti, es doloroso, a veces es mejor hacerse el ciego por aquello de que 'ojos que no ven... corazón que no siente', tal vez ser la "bruja honesta" es parte de esa cultura machista en la que nos han sumido y en medio de la cual nos han educado, mi padrastro odia el vallenato por que es una apología al machismo y al maltrato de las mujeres -yo no generalizaría- pero ahora me viene a la mente la letra de una canción de Diomedes Diaz que dice:"Debes de tener en cuenta que hay mujeres que se prestan para hacer que tú sientas celos pero cuando se aparezcan debes de quedarte quieta
porque yo las gozo y las dejo
si soy el hombre que te quiere
yo soy el hombre que te adora
Y entonces dime qué motivos tienes
para celarme a toda hora"
Date cuenta del papel de la mujer en dicha canción... A mi en parte me parece chistoso, pero desafortunadamente es algo que muchos machistas creen válido, yo lo se por experiencia y muy a pesar de la cantidad de tiempo transcurrido, aun hay regiones en donde se vive como en esta historia de Moliere... Cómico, no?
Un abrazo, Ana María.