Ficcionario bloggeriano
...Volver a sentir ese algo que se mueve a la velocidad de las teclas, que intente sacudir por espasmos prolongados el pensamiento.
viernes, 18 de mayo de 2012
Potiche
jueves, 19 de abril de 2012
Pina (Bausch por Wenders):



Desconfío de las películas en 3D, pero, como siempre, el arte le da la vuelta a las tecnologías y les devuelve su humanismo. Me preguntaba por qué había que ver un documental sobre Pina Bausch en tercera dimensión, por qué si lo importante era ver su arte, los cuerpos bailando en la pantalla grande. Después de ponerme las gafas sobre mis gafas, lo entendí. Aquí no hay efectos especiales, aquí no se busca excitar al espectador con emociones rebuscadas; aquí la tercera dimensión sólo le otorga a los cuerpos y sus movimientos toda su magnitud, toda su extensión, todo su volumen y peso. Sentimos “en vivo” las coreografías, nos sentimos parte del público de una de las piezas creadas por Pina o, incluso, uno de los bailarines; sentimos el aire, las hojas que caen, la frescura del agua, la luz, la tierra, los cuerpos que salen del escenario y se adueñan de todos los espacios, convierten en arte el espacio que danzan.
A Pina la conozco por Almodóvar y su Hable con ella, con Pina me entusiasmé porque fue danzar desde otro punto de vista. Cuando hice danza (en el colegio, en la universidad) me sorprendió el hecho de que los movimientos no se originaban en la música, sino en el cuerpo mismo; la sensación del movimiento y el movimiento mismo se buscan en el cuerpo, en sus movimientos interiores, no afuera. La música venía después, la música acompañaba el movimiento y no al contrario. Tal vez esta sea la causa de que algunas muchas personas digan que no les gusta bailar o que no pueden hacerlo; pueden disfrutar de la música, pero no pueden sentir el movimiento dentro de sus cuerpos... Bailar, entonces, no para moverse “al ritmo de la música”, sino para exteriorizar el movimiento que nace dentro de nosotros mismos, bailar no como “juego de seducción” (aunque, sí, también, claro), sino para encontrar nuestra propia fluidez vital...
Ser artista es dejar que hable el cuerpo, ser artista es escuchar el cuerpo de los demás y permitir que hable. Dicen sus bailarines que Pina sacaba lo mejor de ellos mismos porque los incitaba a buscar más dentro de ellos mismos. Dicen que Pina hizo lo que hizo por el arte de la danza porque nunca se cansó de experimentar, con los mismos elementos, con los mismos sentimientos humanos, pero siempre experimentar.
Y Berlín (¿era Berlín?) tan hermosa como en ninguna película, como en ningún documental, como en ninguna foto, como en ninguna novela o cuento o poema; el metro que recorre la ciudad colgado de los rieles y sobrevuela el río (¿el Spree?), los bailarines moviéndose dentro de los vagones o descalzos sobre el asfalto. La música que recuerda épocas de bailes de salón. Los bailarines jóvenes y los menos jóvenes, más libres...
martes, 3 de abril de 2012
Vierundzwanzing Studen aus dem Leben einer Frau: Veinticuatro horas de la vida de una mujer


Como siempre, los libros llegan sin poder predecir cuándo. Buscando un libro de Zalamea, me encontré con uno de Zweig, una novela corta que narra exactamente eso, un día completo que define la vida de una mujer: Mrs. C.
A pesar de las tareas por realizar, de las otras lecturas pendientes, de los textos por escribir, Stefan Zweig había llegado y, como el cliché, no se iría hasta no llegar a la última página. Una mujer casada, una gran dama, dejando atrás a su “buen” esposo y su “buen nombre”, escapa un día con un recién llegado, más joven que ella, a quien ha conocido el día anterior; un hombre argumenta que la situación no tiene nada de extraño, pues la vida de un ser humano se puede definir en veinticuatro horas. Otra mujer, mucho mayor, escucha las palabras de aquel hombre y decide convertirlo en el testigo de una confesión, de las veinticuatro horas de definieron su vida...
Siempre se ha dicho que las mujeres tienden a dejarse afectar más por sus sentimientos, tienden a vivir el amor de manera más intensa que los hombres (sin embargo, los personajes masculinos de las novelas románticas y de otras contemporáneas desdicen esto), tienden a dejarse “arrebatar” con demasiada facilidad por lo que pueden llegar a sentir frente a alguien, tanto, que pueden decidir abandonar su vida anterior, su vida “oficial”, su gran vida social, para ir detrás de un amor, de la aventura, de la pasión o como se le quiera llamar. Este es el caso de Mrs. C.
En las primeras décadas del siglo XX, este personaje quiso redimir a un hombre, a un “desconocido”, quiso comprenderlo, quiso conocerlo, quiso escucharlo, quiso ayudarlo, confió en que alguien puede cambiar por alguien más y no por sí mismo, confió en la promesa de alguien que sólo podía ser fiel a sus propias obsesiones, a su propia cárcel... No hace falta el licor para sentir atracción por alguien, no hace falta emborracharse para excusarse por querer desnudarse frente a otro; a veces, la atracción es inexplicable, por momentos, irracional. Podemos inventar, podemos imaginar, podemos sentir como real que algo más que esa atracción corporal existe, podemos sentir al destino interactuando con nosotros, podemos decirnos mentiras para prolongar la sensación de plenitud, puede que la mentira sea cierta, puede que la mentira se haga dolorosa y nos reviente por dentro, nos obligue a reaccionar, a buscar nuestra vida anterior, a buscar la continuidad impasible de los días como refugio...
En el fondo de nosotros mismos, en el silencio de las noches, en continuas pesadillas, puede seguir apareciendo aquello que no fue o aquello que no fue como esperábamos. Sólo queda arriesgar un poco de nuestra seguridad rutinaria; luego, tal vez, recoger fragmentos en palabras que nos devuelvan una imagen absuelta de nosotros mismos...
Me acabo de enterar de que hay película.
jueves, 29 de marzo de 2012
Las danzas privadas de Jorge Holguín Uribe:



¿Quién es Jorge Holguín Uribe? (1953-1989) Matemático, actor, mimo, bailarín, coreógrafo, escritor, fotógrafo, pintor y dibujante de cómic. Su obra casi no es conocida en Colombia, porque desde 1976 se trasladó a Canadá y luego a Dinamarca; en estos dos países produjo la mayoría de sus obras con su compañía de danza-teatro.
El Teatro Matacandelas presenta esta obra basada en la vida y el trabajo artístico de Jorge Holguín y, así, juntando documentos, papeles, grabaciones, libros, testimonios, cartas, videos, recuerdos, se va armando la puesta en escena.
Siempre he pensado que vivo en algún lugar, en algún tiempo, otras tres vidas: en una de ellas soy bailarina, en otra soy cantante y, en otra más, soy actriz. Pienso en Jorge Holguín y veo que podemos ser todo lo que queramos, que podemos hacer todo lo que deseamos, todo, hasta que llegue la muerte. Pienso en Matacandelas y siento que podemos hacer todo lo que deseamos, todo lo que nos obsesiona, todo lo que perseguimos en lo más profundo de nosotros mismos. Tal vez, entonces, no necesite cuatro vidas para ser y hacer todo lo que deseo, tal vez lo podré hacer en esta, la única que tengo, podré intentarlo, hasta que llegue la muerte.
Matacandelas apareció en mi ruta en 1996, es decir, llevo la mitad de mi vida acompañada por las obras de este grupo, gracias al cual he conocido obras, seres que se han convertido también en mi obsesión, en mi compañía, en mi alimento: Andrés Caicedo, Fernando Pessoa, Sylvia Plath, Fernando González y, ahora, Jorge Holguín Uribe. No he conocido otro grupo teatral que comprenda tan bien que la obra de un autor está completamente ligada a su vida (aunque muchos teóricos y críticos no quieran tener nada que ver con esa vida) y que cuando leemos, cuando vemos una obra de teatro o de danza, ahí está también un cuerpo, una marea de sentimientos y pensamientos, pero, sobre todo, un cuerpo que siempre lucha contra la muerte, sobre todo, cuando se quiere dejar una obra realizada.
Siempre también he pensado (como creo que la mayoría de los seres humanos) en qué haría si supiera cuánto tiempo me queda de estar viva... Siempre pienso en personas con las que me gustaría estar, lugares que me gustaría conocer, cosas que me encantaría comer, textos que me gustaría escribir... Jorge Holguín lo supo: tenía un tiempo que sabía cuándo se terminaría y una obra que quería dejar... Es sobrecogedor verlo en los brazos de la muerte, verlo hablando con Pafi o entregado a sus ejercicios del cuerpo para desdecir la danza, el movimiento, los bailarines, para crearlos de nuevo.
Esto es el teatro para Matacandelas: “Consideramos el teatro como un ejercicio modesto, un ritual, una reunión mágica donde un grupo de personas nos encontramos para tratar de estremecernos a través del arte”. Esto fue lo que sentí al salir de la sala, de ese tiempo.
jueves, 9 de febrero de 2012
La piel que habito:


Basada en otra novela (Mygale), La piel que habito es la historia de la obsesión de un hombre por recuperar a la mujer que ama. Se puede cambiar la piel, pero no lo que hay dentro, se puede transformar la apariencia, pero no la fuerza que hace moverla... En tiempos de cirugías plásticas y estéticas para modificar casi todo lo que hay en nuestros cuerpos, Almodóvar pone a prueba los límites de la ciencia, de la biología, de la antropología y de la psicología, y los mismos límites del amor y de nuestra sexualidad.Nada más afín a la estética de Almodóvar que esta historia, nada más cercano que una historia con personajes fieles a sus pasiones, a sus sentimientos –y tantas veces “traicionados” por ellos mismos–, nada más familiar que una historia donde lo no convencional se vuelve cotidiano.
Lo que más admiro-envidio de este director de cine es su libertad para hacer lo que su imaginación le permita, es su posibilidad de que sus obsesiones, sus gustos y sueños tomen la forma de una película, se materialicen en voces y cuerpos, en palabras y gestos. De la oscuridad y frialdad de los ochentas, pasando por los colores brillantes de los noventas, llegamos a la luz intensa del siglo XXI; de los encuadres planos y la edición televisiva, llegamos a un director que cuida cada detalle de la imagen que vemos, que se demora en las imágenes y vuelve estético lo banal (un quirófano, por ejemplo).
En las películas de Almodóvar, por lo general, aún en lo más oscuro titila una posibilidad de que la luz atraviese el espacio; la belleza de sus últimas dos décadas de cine reside en el tremendo contraste de las fuerzas representadas y en cómo, poco a poco, la luz supera los espacios cerrados, la monotonía y la oscuridad. Hablo de contrastes, pero como bien lo sabemos, éstos suelen rozarse todo el tiempo y Almodóvar lo hace evidente.
Como Almodóvar, creo que el arte salva, como el y la protagonistas de esta historia, creo que el arte salva y también la seguridad de que somos dueños de nuestros cuerpos, de lo que decidamos hacer con ellos.
Recuerdo la voz de Concha Buika y la música de Iglesias, recuerdo las imágenes de Louise Bourgeois, recuerdo el cuerpo de Elena Anaya, recuerdo el grito de Norma y los gemidos de placer de decenas de adolescentes en el jardín oscuro de una casa...
miércoles, 8 de febrero de 2012
The help (Historias cruzadas):


Basada en la novela Criadas y señoras (The help), la película cuenta la historia de muchas mujeres en el Misisipi de los años sesentas. Blancos y negros separados por los prejuicios raciales y una editora que aprovecha el movimiento creado por Martin Luther King para poner a circular un libro que devela las historias de las "señoras" blancas y las mujeres negras, contadas por esas criadas negras. La escritora “fantasma” es Skeeter, una mujer que ha sido la única de sus amigas blancas en aún no casarse y en ir a la universidad y “ganarse la vida” trabajando fuera de su casa, fuera de los vestidos floreados color pastel, fuera de las veladas de bridge con limonada, fuera de los niños para mostrar a las “amigas”, fuera de las campañas de beneficencia y otras tantas intríngulis de apariencias.Cercana a La sonrisa de la Mona Lisa por su crítica a la sociedad norteamericana de mediados del siglo XX y, sobre todo, a la educación de las mujeres, “criadas” para ser buenas esposas y buenas madres, The help parece tan vigente hoy como lo pudo haber sido si el libro se hubiera publicado en los sesentas… Sentada en la sala de cine, veo a muchas señoras cuyas criadas las debían estar esperando en sus casas junto a los niños que cuidan/crían todos los días, sólo para poder marcharse a sus propias casas a cuidar de sus propios hijos… Veo a muchas señoras que se ríen nerviosamente con las escenas que ven en la pantalla y pienso que tal vez recuerden a la muchacha con rasgos indígenas que han contratado para los oficios de la casa, a la señora humilde que llega cada mañana a hacerse cargo de la casa, a la muchacha negra que cocina tan bien, quienes, tal vez, deben comer en la cocina y tener restricciones en el uso de algunos elementos de la casa…
Sentada en la sala, pienso en Skeeter y en su anhelo de trabajar como escritora, en su necesidad de realizar un acto valiente, en su principio de pensar todos los días en si va a creerle o no a las palabras de los imbéciles que la rodean. Skeeter decide que no lo hará, que no les creerá y escribe cada día y cada noche, escribe sobre cómo no llorar mientras se pica una cebolla, escribe y aprende a escribir, escribe y aprende a escuchar a las personas que tienen una historia que contar.
“You is kind, you is smart, you is important”…
jueves, 29 de diciembre de 2011
Incendies:

“La muerte no es el fin de la historia”. Esta frase podría resumir esta película (basada en una obra de teatro), ésta y una ecuación: uno más uno es igual a uno… Parece un anacronismo hablar de las luchas entre musulmanes y cristianos, y es una lástima que no lo sea, más aún cuando esta película recuerda las guerras civiles que han atravesado varios países del Medio Oriente por ese anhelado anacronismo.Estampas de la Virgen adheridas a los fusiles, hombres, mujeres, niños y ancianos acribillados una y otra vez a la vista de la cámara, casas y buses ardiendo al sur del país y una madre buscando a su hijo, ese que nació del amor, pero creció entre la guerra para convertirse en una máquina del terror… Cierro los ojos y oigo los tiros, las granadas explotando, el fuego atravesando las telas, la madera, consumiéndolo todo; me pregunto si es necesario mostrar la sangre, el fusil apuntando y la niña cayendo, el niño cayendo, el amante cayendo… Cierro los ojos y pienso en este país que habito, en las fotografías que he visto, en el dolor que he visto y sentido…
El amor puede producir monstruos y éstos pueden crear, de nuevo, amor. La verdad aparece para cerrar círculos de rabia y dolor, para que un cuerpo pueda mostrar su cara al sol; la verdad aparece para mostrar qué poco conocemos a nuestros padres, para enseñar su resistencia, su valentía y la historia de un país desconocido, para mostrar que el objetivo de un largo viaje es regresar a darnos cuenta de lo que hay a nuestro lado.
Nada como una canción de Radiohead para acompañar este viaje…
viernes, 23 de diciembre de 2011
Cartografías literarias: P.N.N. Cueva de los Guácharos (o La vorágine para adolescentes)


Dormir en carpa, amanecer con el sonido de los gallos, los patos, los gansos y otras aves más pequeñas, bañarse viendo pasar las nubes sobre la cabeza, ver las cabras desperezándose, escuchar ese dialecto que sólo era una broma en los programas de televisión… Salir de allí y seguir la ruta señalada por el mapa; llegar a un pueblo que lleva el nombre de un país del Medio Oriente, ver los rostros con rasgos indígenas, saber que estamos al sur del Huila, pero más cerca del Caquetá y del Putumayo. Es domingo y todos salen a hacer mercado, pero, sobre todo, a tomar aguardiente y cerveza, a bailar en las discotecas de la plaza que están abiertas desde el medio día…Nos internamos más en la montaña, me hablan de osos de anteojos, de dantas, de micos, de murciélagos, de guácharos (que escucho nombrar por primera vez); dicen que hay mucho pantano, que el camino no es fácil, que hay personas que se quedan y otras que se tienen que devolver. Decidimos partir, decido partir… El camino de cuatro horas, lo hago en seis, insultando (absurdamente), por momentos, el barro en el que mis piernas se entierran casi hasta la rodilla, donde, por poco, pierdo mi zapato; hay caídas, hay mosquitos, hay tábanos que entierran su “aguijón” por encima de la ropa. Me quedo sola, por momentos y tengo miedo, entonces, pienso en Alicia, en Arturo Cova, en los andaquíes, los indígenas que poblaron estos espacios y que acosaron los colonos traficando la quina y el caucho… Grito y una voz me contesta; trato de ir más rápido y, por fin, veo un rostro conocido…
Nos internamos en una cueva; la leyenda dice que en ella vivió un indígena que desapareció sin dejar rastro. Nos metemos en túneles, en sus cámaras que nos muestran estalactitas y estalagmitas, los racimos de murciélagos colgando del techo y volando sobre nuestras cabezas. Pensé que les temería, pero sé que huyen de nosotros… Salimos de la cueva (yo doy las gracias, porque ya quiero sentir la luz). Veo micos y un guatín, veo loros, llueve, trato de bajar por una pendiente, resbalo y caigo algunos metros abajo, escucho mi cuerpo caer contra un colchón de pasto; el tobillo duele y se inflama.
Salgo de este 80% de bosque tropical y de este 20% de selva húmeda (sin entender bien la diferencia) a caballo; llegando a mi destino, empiezo a ver las casas en las orillas de la trocha, los techos de plástico, los fogones de leña, los conejos debajo de las camas, los niños de tres y cinco años acostados en los corredores, una niña de cuatro años con un cuchillo en la mano, “jugando” sobre una tabla, el bebé de seis meses columpiándose dentro de una red en uno de los cuartos, la emisora cristiana a todo volumen, la hora del almuerzo y los hombres que empiezan a llegar caminado a través de la montaña…
Cartografías literarias: Desierto de la Tatacoa


Todo es nuevo: el clima, el paisaje, la forma como hablan las personas, la comida. Cuando pasamos por Neiva o por Pitalito o por Gigante, veo varios lugares que llevan un nombre conocido: José Eustasio Rivera… Desde el páramo, pasando por la humedad pegajosa del río Magdalena y llegando al calor casi insoportable del desierto, el Huila permite que resuene en mi cabeza el nombre de ese hombre que dejó “su tierra” para hacerse un letrado de la capital, pero también para hacerse un intelectual y no un simple servidor de la letra oficial.Por el antiguo camino de los trenes, atravesamos pueblos en medio de la nada en donde la antigua estación del tren queda para rememorar tiempos mejores, tiempos que anunciaban el “progreso”; atravesamos quebradas y túneles angostos hasta llegar al Desierto de la Tatacoa. Curiosamente, estas formas las he visto antes fuera de Colombia y ahora mi referente es ese paisaje sonorense que roza Arizona. Aquí, los “terrones” son más pequeños y angostos, pero, igual, las formas son impresionantes, tierra erosionada por años y años, el color del polvo, del barro, de la arcilla con la que jugaba cuando era niña, los cactus altos y otros pequeños que producen un fruto con sabor a kiwi y a pitaya.
Dicen que hay un puerto para OVNIS, dicen que los han visto; decidimos no ir y prepararnos para ver las estrellas como si el cielo fuera un tablero que Javier señala con su rayo láser; imagino películas de ciencia ficción (que no suelo ver, pero que vienen a mi memoria), imagino tener uno de esos rayos en mis manos, como una espada, y jugar con alguien a luchas intergalácticas… Aprendo el nombre de una estrella, la única que me interesa; veo las constelaciones, pero ninguna de las formas que sugiere el guía, me sorprendo descubriendo que el cielo nunca es el mismo, que nunca vemos las mismas estrellas, que todo es continuo movimiento; con grandes telescopios y binoculares, veo los anillos de Júpiter y algunas nebulosas, aprendo que hay estrellas azules y otras cobrizas, aprendo la diferencia entre el brillo de una estrella y el de un planeta… De ahora en adelante, busco en el cielo la estrella que puedo nombrar y recuerdo a una mujer del siglo XIX que llevó su nombre…
Silencio en el paraíso:

Hace algún tiempo me había dicho que no volvería a ver una película cuyo tema fuera el conflicto armado, la violencia, y mucho menos si era colombiana… No se trata de ser ciega o ser como se supone lo es el avestruz… Mostrar la supuesta realidad, a veces, lo único que produce es naturalizar esa violencia, esos conflictos, y esto es lo que menos le conviene a un país que desde hace siglos espera conocer una verdad.Toda esta introducción para hablar de una película que habla de los “falsos positivos” que nos dejó la última etapa del gobierno de Uribe Vélez y cuya responsabilidad mayor recayó en el actual presidente Santos (no soy ingenua; sé que los “falsos positivos” continúan…). La película duele por muchos motivos, pero el principal es la falta de alternativas que padecen millones de personas en este país, la pobreza que parece cerrar puertas, una tras otra, hasta dejar contra la pared, contra un abismo o contra un fusil. En mejores días, tiendo a pensar que siempre hay alternativas, que siempre se puede escapar de una situación que nos apabulla, que nos atormenta, pero hoy no, después de esta película, no. La desesperanza que recorre este país se resume en cerrar el camino, cada vez más, en dejar cada vez menos encrucijadas posibles.
Aquí, la vida se consume en su lenta y absurda monotonía. La ciudad abajo son luces titilantes como estrellas o atardeceres que matizan los colores de los edificios; el aquí y ahora, en cambio, es polvo cuando hace sol y barro cuando llueve, es estudiar el bachillerato sabiendo que ir a la universidad suena a imposible, es trabajar para ayudar en una casa con papá ausente, con una hermana quien ha dado a luz a un sobrino que hay que ayudar a mantener, es tener sexo o hablar de sexo porque no hay nada más en qué pensar, nada más qué hacer, es trabajar y conseguir la cuota para la pandilla del barrio, es escapar de una golpiza, de un robo, de una amenaza, es escapar de tanto polvo y barro, de tantos golpes, de tantas ausencias, creyendo en el amor, decidiendo creer en él, en las cartas dejadas debajo de la puerta, en la invitación a la fiesta, en el regalo de despedida, en la promesa del regreso…
Me explican que el Plan Colombia es la principal causa de estos “falsos positivos”, la exigencia de estadísticas, de resultados, de rendirle cuentas a quien patrocina la guerra… Al igual que la educación, el desempleo, los niveles de lectura y tantos otros “índices”, las personas se vuelven números vestidos de camuflado y botas de caucho.
Me siento culpable, porque por un momento lloré por la suerte del protagonista de la película y no por la de uno de los que cobraban la “vacuna” a los comerciantes y trabajadores del barrio; me sentí, por un momento, un poco fascista, pero, tal vez, lo que quiera decir la película es que cualquiera está expuesto a ser víctima del orden impuesto por estadísticas inhumanas.
Lloro porque la realidad es peor que esta película, lloro porque, por ahora, no veo qué otra cosa puedo hacer… Creo que la película logra su cometido, no porque me haga llorar a mí (que es tan fácil), sino porque escoge un conflicto que logra mostrar la complejidad del problema, el dilema moral de quienes participan en él (aunque el actor que encarna al encargado de conseguir los “positivos” parezca de mármol) sin excesos, con toda la mesura y el respeto del caso para las víctimas, sus madres, los amores que dejaron, las esperanzas rotas…


