lunes, 14 de septiembre de 2015

Hombre irracional




Si Media noche en París fue la delicia de quienes se creen –nos creemos– intelectuales con bastante cultura literaria, Hombre irracional hace lo propio con la cultura filosófica; los nombres de Kant, Kierkegaard, Arendt, Beauvoir, Sartre, Husserl y Heidegger se pasean por los labios de un profesor de filosofía y su alumna más avezada. Sin embargo, la “delicia” será solo aparente, porque durante toda la película, Woody Allen (su guión) mostrará que la filosofía es lo más parecido a una “masturbación mental” (mucha de la crítica literaria también lo es, claro) y que un libro como Crimen y Castigo –ya un referente recurrente en Allen– produce más reflexiones e ideas en el personaje principal que leer sobre el imperativo categórico de Kant. También es aparente porque así como en Media noche en París con las referencias literarias, aquí las filosóficas aluden a las ideas más propagadas-conocidas sobre las teorías de esos filósofos, así que las “grandes” frases o conceptos que aparecen diseminados en la película, funcionan más para que el espectador se sienta “inteligente” (el supuesto tipo de espectador promedio de las películas de Woody Allen) cuando entiende de qué se está hablando y menos para darle un sentido más profundo a la película.

En general, el dilema es sencillo: se trata de llevar hasta sus últimas consecuencias la contraposición entre la teoría y la práctica, entre lo abstracto y lo real de la existencia humana; la cuestión de quien estudia la vida a partir de reflexiones librescas y quien atraviesa la línea en donde esas ideas se llevan a la práctica. El filósofo quiere contribuir en algo a mejorar el mundo, a cambiarlo, pero se siente impotente porque cree que sus artículos, sus libros, sus clases, sus conferencias, son insuficientes para cumplir su objetivo. Entonces, aparece la idea de la libertad para cumplir su voluntad y, por supuesto, la moral; Allen elige la idea de un asesinato como motivo privilegiado en el que confluyen más claramente estas cuestiones. ¿Dónde queda la racionalidad cuando cumplir nuestra voluntad (a la que se ha llegado racionalmente) implica ir en contra de la razón de la otra persona?, ¿dónde está la libertad cuando solo uno de los dos implicados puede elegir?

Pero si fuera solo una película “filosófica” no sería Allen y no iríamos a verla (no yo, por lo menos), así que, por supuesto, está también el tema amoroso. Dos modelos de mujer y dos tipos de amor: una joven e inteligente estudiante (atractiva; hay que enfatizar en esto) enamorada de su brillante y arrebatador (y apuesto; hay que enfatizar en esto) profesor, y a quien su novio (de su misma edad, apuesto y estudiante como ella) empieza a parecerle menos “inspirador”, ante la personalidad del profesor. Por otro lado, una profesora infelizmente casada que no se atreve a dejar a su marido y a cumplir su sueño de vivir en el exterior, a no ser que encuentre un hombre que se quiera “escapar” con ella. El profesor de filosofía parece reunir las imágenes de hombre que ambas mujeres buscan: un ser que parece concretar sus ansias de nuevas experiencias, de aventura, de “romanticismo”. Dos generaciones de mujeres que han aprendido a enamorarse de maneras similares, pero que han aprendido a resolver sus historias de amor de maneras distintas: es triste ver a la profesora (que está en sus cuarenta) conscientemente buscando “aventuras”, pero inconsciente e ingenuamente tratando de encontrar un hombre que resuelva las situaciones que no se atreve a cambiar por sí misma; es admirable ver a una estudiante (en su veintena recién estrenada) que sabe qué quiere, cómo lo quiere y en qué momento lo quiere, y que, más sorprendentemente, sabe cuándo no lo quiere más. Claro, la juventud ayuda, claro, es otra generación, claro, ayuda también ser atractiva, pero se nota que Allen siente empatía por este personaje: ella está por encima de las abstracciones, ella va por la vida defendiendo su racionalidad y respetando (sacando ventaja primero de sus habilidades, como cualquiera lo haría, claro) la libertad del otro.   

1 comentario:

Julieth Pinzón dijo...

Me dieron ganas de verla.